Faith
-Era 1 de noviembre y yo estaba solo en una ciudad casi extraña. Tenía todo el día por delante sin saber qué hacer. Sólo podía vagabundear por las calles esperando a que las horas pasaran para volver al hotel. Todo fue el resultado de una sorpresa que más que eso se convirtió en una broma pesada y con el tiempo en un adiós que nunca hubiera imaginado… Pero como os decía, con todo ese tiempo por delante empecé a caminar hasta que llegué a la catedral. Hasta ese momento, mi paseo había sido un repaso a todos esos años cruzando la ciudad en compañía de la persona que me había llevado hasta allí. Cruzar las calles donde compartimos helados, donde compramos recuerdos para mi abuela, donde compré mis primeros libros de escritura, etc.
La catedral no era precisamente un lugar que tuviera un interés especial en visitar. No soy practicante, aunque no puedo decir que no sea creyente. No sé en qué creo, pero creo que hay algo. Así que, aunque no tenía ninguna pretensión en especial, crucé las puertas. Este tipo de sitios suele sorprender por el silencio sobrecogedor y los ecos y chirridos de los bancos al moverse. Hoy en día, con el turismo, mucha gente no sabe respetar ni agradecerlo. Es una pena.

En cuanto llegué, me senté en uno de los bancos. Me sentí en paz, sinceramente. Me sentía como en mi casa. Por unos instantes dejé que mis pensamientos me llevaran donde quisieran. Empecé a recordar a aquellos que se habían ido, pues era Día de los Difuntos, y de ahí seguí a la situación por la que estaba pasando yo en aquellos momentos. Y me puse a llorar como un imbécil. Son esas cosas imprevisibles que a veces me pasan. Hace poco he tenido otro episodio parecido. Sin venir a cuento, me sorprendí a mí mismo sacando pañuelos de papel e intentando ocultarme de las miradas del resto de gente que pasaba.
Y una vez conseguí reprimirme, me puse a rezar… Os vuelvo a decir que para mí es tan inusual como os pueda parecer a muchos de inútil… Pero el caso es que pedí por los míos, por los que están vivos y por los que ya no, y pedí por los que yo quería, aunque ese cariño no fuera correspondido…
Cuando terminé, salí de la catedral con una sensación extraña… Porque como os digo, no tengo ningún interés especial en la Iglesia y en todo lo que implica… Pero aquel acto me devolvió por unos instantes a la serenidad… A sentirme reconfortado y a tener esa sensación de mantener el corazón limpio y caliente…
Al día siguiente, compré dos plumas estilográficas muy bonitas y me fui de la ciudad con una despedida agridulce…
Hoy vuelve a ser un día amargo… El 6 de diciembre es el peor día del año para mí… Pero este año se le une a esta fecha otra tonelada de tristeza por un adiós que parece que será definitivo… Y hoy he vuelto a la casa de mi abuela, y he vuelto a remover sus cosas y a guardarlas en cajas… Y he rezado… Y me siento reconfortado… No sé cuánto me durará… Pero si me sirve de algo, seguiré rezando… No me da vergüenza decirlo… Al menos a algunos por los que pedí les está yendo bien… Y yo me alegro por ellos…
Filed under me, new truths | Comment (0)It Used To Be Me
-Seguro que os ha pasado a vosotros también: tener la misma sensación que cuando el castillo de arena que habías estado construyendo toda la mañana en la playa es arrasado por una maldita ola. Esa sensación. Esa es la que tengo ahora.
La vida a veces es una mierda. Otras no, pero a veces, sólo a veces, sí lo es. Y por mucho que pongas de tu parte, hay cosas que acaban pasando de todas formas. Cosas terrenales y cosas por las que ningún humano puede hacer nada. Una realidad que mata. Pero, eh, así es la vida, amigo. Llena de muchísimas cosas buenas, cosas malas… Y cosas feas por las que hay que pasar lo más elegantemente posible…
¿Y qué queda de todo aquello? ¿Unos granos de arena perdidos en una inmensa playa? Queda mucho. Un incendio por extinguir. Un humo negro por disipar. Mil árboles por replantar. Un nuevo yo por reinventar… Lo perdido ya no puede reencontrarse. Los porqués están dados. Repetidos hasta la saciedad. Y el tiempo nunca vuelve atrás… No puede remendarse…
Fui al infierno y volví, como decía el anterior decorado. Volví con la piel chamuscada, pero con la conciencia tranquila al ver que era lo correcto. Mi madre decía una frase que muchas veces recuerdo: «el que hace lo que puede, no está obligado a más». Me lo repetía cuando me veía sufrir las horas anteriores a los exámenes, para que no me preocupara tanto por los resultados. Ahora ya no tengo que superarlos. Tampoco la tengo a ella. La situación ha cambiado, pero el efecto curativo de esa frase es el mismo.
Es tiempo de vendarse las heridas y mirar lo que queda de vida. De no llenarla de amargura. De confiar en mí de nuevo. De ser fuerte. De no rendirme. De no encerrarme. De cobijarme en lo que me gusta. De sentirme a salvo en lugares como éste. De remontar como lo hacen otros. ¿A que es fácil? Permitidme que no lo vea tan claro. Sólo el tiempo dirá si lo consigo…
Tengo fe… Y tengo esperanza… Pamplinas para algunos… Pero no me duele llevarlas en los bolsillos. Llegaran noches de tormenta en que escucharé el barco resquebrajarse en medio de un océano de pesadillas. Y nunca sabes cuando vas a necesitarlas…
Por cierto, hola… ¿Os acordáis de uno que se pasaba por aquí hace unos años? Ese solía ser yo…
Alive and kicking
De vuelta con motores nuevos… A falta de un buen lavado, aquí reempezamos… Willkommen!! :)
Demo
[Hace frío en el interior del teatrillo… Un frío parecido al que se siente cuando se encuentra uno en una sala grande y abandonada, en un gran cascarón en medio de un océano agitado o en una oscura celda en lo más recóndito de un castillo, con su liquen y su musgo entre las hendiduras de los muros… Ese frío contrasta con el alboroto organizado sobre el escenario, repleto de cajas de cartón y trastos que ocupan todos los rincones… Algunos más polvorientos que otros, algunos rotos, otros tremendamente nuevos, pero todos asomando entre lonas, cartón y embalajes…
El protagonista está ensimismado agachado ante una de las cajas… Está dando la espalda al público y parece no darse cuenta de que la función ha dado comiendo mientras sigue trasteando con la vorágine de cachivaches que salen de ella… Ni siquiera la insistente tos de una de las asistentes parece despertarle de sus quehaceres… Es entonces cuando, al moverse, en la primera fila comprueban que lleva unos cascos puestos, con lo cual sus esfuerzos para llamar la atención al protagonista son en vano…
Entonces se levanta quejándose del dolor de riñones y estirando la espalda como quien intenta enderezar un arco destartalado. Luego, instintivamente mira de reojo el patio de butacas y al advertir que no está solo, se arranca los auriculares de los oídos y se da la vuelta inmediatamente, dirigiéndose al respetable…]
– ¡Me habéis pillado! En situaciones como estas se suele decir que está todo hecho un desastre y que normalmente no está todo así de destartalado. Pero en este caso no os voy a mentir, realmente éste es el estado en el que se encuentra siempre, así que intentad no asustaros y haced la vista gorda…
Espero que las Fiestas os hayan acabado de tratar bien (al menos mejor que a mí) y que el Año Nuevo se intente comportar como los niños buenos; callados y con los ojos bien abiertos… Los propósitos a estas alturas quizás hayan caído en el cajón más recóndito de vuestras mesas, pero si sois de esas heroicas personas que aún los están manteniendo, os respeto y venero… Yo sigo en ello, y ahora sabréis por donde van los tiros…
Estoy en proceso de cambio… Y esto no es más que una representación de cómo tengo ahora mismo la cabeza… Hecha un desastre… Hay decisiones por tomar, problemas a lado y lado, apuestas, retos, cosas por desempolvar… De todo un poco y mucho lío en general…
Pero retrocedamos al inicio de esta epifanía… Todo esto empezó con una revelación que tuve mientras escuchaba uno de esos típicos discos re-editados que llevan como extra las demos de las canciones… Siempre me han gustado ese tipo de discos, en los cuales te encuentras una de esas obras que te ha acompañado durante parte de tu vida, pero con el sonido mejorado (a veces no se toman esas molestias) y otro CD con una instantánea de su momento de creación… Una etapa intermedia de una joya antes de pulir, sin los detalles que el cincel fue grabando golpe a golpe… Una copia cruda, sin perfilar, sin destellos… Una base ruda, unos cimientos sin florituras, una primera capa de pintura…
Ahí fue cuando me di cuenta de lo que siempre he pretendido con mis cosas… Tener algo muy cercano a lo que yo considero la perfección sin siquiera haber llegado a tener todo completo en una fase inicial… Entretenerme con cada uno de los detalles sin haber conseguido llegar a la meta… Algo que casi siempre ha acabado por dejar lo que tenía entre manos inacabado para siempre…
No vivimos en un mundo perfecto… Siempre hay quien mete la pata, quien tiene la nariz demasiado grande o el óxido que acaba afeando el metal más brillante… Entonces, si el entorno es así de hostil, ¿cómo puedo pretender llegar a la perfección, algo aparentemente imposible de alcanzar, y encima ya en la primera fase? ¿¿Por qué no voy a poder permitirme ser imperfecto??
Siempre he tenido una visión megalítica de las cosas… Siempre he jugado con el «todo o nada»… Y hasta ahora me ha costado entender que todo empieza poco a poco, con buena letra como se suele decir… Primero una y luego otra y así acabar la primera página y luego la segunda… Y ladrillo a ladrillo construir el muro, para luego poner la puerta y más tarde la ventana… Y pincelada a pincelada conseguir el bosque retratado…
Ha sido de esta manera como me he planteado seriamente instaurar esta filosofía en mi vida, o al menos intentarlo… Ir haciendo capas en mis proyectos, esos mismos que están siempre ahí y que no acaban moviéndose nunca… Olvidarme de una vez del fervor profesado por los detalles desde el primer momento… Buscar la perfección, si es posible eso, al final del camino y no en la primera curva…
En estos tiempos que corren nadie cree en uno mismo… Ni las empresas, ni los amigos, ni siquiera la propia familia a veces… Uno tiene que tiene que ser el primero en creer en uno mismo… En poner toda la fe que haya atesorado a lo largo de su vida y decidir cuando es el momento de invertirla y dar un giro a lo que tiene delante… Y ser capaz de darse una palmada en la espalda a uno mismo, como el mejor contorsionista, y decirse «vamos allá»… Sin miedo…
Yo he realizado una de esas apuestas… Si la jugada saldrá bien o mal, sólo el tiempo lo dirá… Pero los primeros pasos ya están dados… El jueves empezaré una nueva etapa que me permitirá seguir con los siguientes… Poco a poco os iré contando acerca de todos ellos…
Pronto más funciones… Imperfectas, pero más…
Hey You
[El protagonista camina cabizbajo por el escenario respirando lentamente, intentando percibir con la mirada cada uno de los detalles y nudos que los desgastados tablones han mostrado durante todo este tiempo… Entonces toma aire y se dirige al respetable…]
Tal noche como hoy de hace 10 años se abrió un telón parecido a este… Quizás más rudimentario, pero con muchísima ilusión puesta en él… También con mucha incertidumbre… Era mi particular auto-regalo de Reyes y quería que fuera el mejor… Como siempre en mí, en busca de lo «imposible»…
Desde aquella noche a la de hoy han pasado muchas cosas: algunas siguieron apareciendo sobre estas tablas, otras han quedado ocultas y sepultadas por el tiempo, esa losa que a veces cura mejor que cualquier ungüento que podáis imaginar… Muchas personas que pasaban por este patio de butacas ya no han vuelto a aparecer… Otras llegarán aquí y ni siquiera sabrán a qué viene todo esto… A ellas, les querría decir que yo a veces tampoco lo sé… Simplemente, esta noche tenía ganas de gritar un rato… De decir, eh tú, qué mierda de vida…
Afortunadamente acaban estas dichosas fechas… Todo debería ser concordia y celebración familiar… Y, sin embargo, para mí han sido de total indiferencia… No he estado solo, pero tampoco creo que hubiera importado a mucha gente… Ya se han dado casos en el pasado, y a mí, sinceramente, tampoco me preocupa ese tema… Cuando uno se da 80 cabezazos contra una pared, el 81 deja de dolerte más que el anterior… Así es como transcurre mi vida desde hace un tiempo… De cabezazo en cabezazo… Con un muro que cada vez se hace más alto y más duro… Que parece que ya no puede superarse… Cuando crees que lo has visto todo, la vida siempre te sorprende con algo que no esperabas… A veces me gustaría que alguien pusiera algo de cordura a todo esto… Pero quien podía ya no está aquí para hacerlo, y los que están, parecen haberla olvidado por completo… ¿Qué pensaría de todo esto?
Lo peor de estos días ha sido ver que el papel que deberían haber cumplido unos ha tenido que ser suplido por otros a quienes no pertocaba… Que las prioridades han sido otras y los damnificados, los de siempre… Que ya ni los cimientos que yo creía firmes lo son, que no se respeta nada… Ni siquiera el día de Reyes… Y yo envolviendo regalos como un perfecto capullo… Esperando otra vez lo «imposible»… Pero son tiempos de otras preferencias… Hay cosas más importantes que hacer… Y así es como todo se va desmoronando… Como un terrón de azucar en un vaso de agua…
Ya lo he dicho antes… Sólo venía a gritar un rato y decir eh tú… Y gracias a los que aún seguís por ahí…
…together we stand, divided we fall…

Death is not the end…
-En esta ciudad, cada día mueren 4 ó 5 personas al día…
Aquel hombre, con la sensibilidad a la altura de la suela de sus elegantes zapatos pasaba de una a otra cuestión del formulario como quien ve el Tour de Francia a la hora de la siesta. Recorrimos metódicamente todos los apartados que el ordenador le iba pidiendo: desde la música hasta los recordatorios, con una frialdad y un asepticismo que helaría a un esquimal. No era precisamente el mismo con el que esta mañana contaba los billetes. Luego llegaría la caja y la urna. El negocio de la muerte merecería un estudio profundo por parte de nuestra sociedad. En la antigüedad se quemaba a los difuntos en una pira, ahora hacemos lo mismo mucho más «civilizadamente». Te llevan a un cuarto y a través de una ventanita ves el féretro entrando en las llamas, sin humos, sin olores, eso sí, a 600€ el muerto.
Mi abuela se fue el domingo a las 15:30 después de pasar por un pequeño calvario que ha durado casi un mes. Afortunadamente no pasó a más. El corazón se detuvo antes. Porque una persona que ha sufrido lo que la vida le ha deparado (sobre todo en los últimos años) no merecía un final como el que se apuntaba. Os ahorraré los detalles.
La última mañana de domingo que fui a su casa, cuando ya su salud estaba delicada, me sorprendió con una de aquellas historias que destilaba de vez en cuando y que tanto me gustaban. Historias de mi familia, de la que, por parte de mi madre, ya no queda rastro… Me contó que un día mi abuelo, cuando tenía unos 12 años, se subió a un castaño para coger un nido con tal mala fortuna que una de las ramas se quebró y él cayó clavándose la rama traidora en la nalga. Enseguida, gracias a los contactos de mi bisabuelo supongo, le llevaron a un hospital militar en Badajoz, donde le tuvieron unos días bajo el cuidado de las monjas. Ellas, para diferenciar a los enfermos, les ponían un colgante de tela alrededor del cuello con un cordón dorado. Y entonces, como solía hacer, fue a buscar ese colgante y me lo dio. Porque además de unos ojos bonitos y de un gran corazón, también era una verdadera caja de sorpresas y una meticulosa conservadora de objetos y recuerdos de la historia de mi familia. En ese sentido, creo que he seguido sus pasos. El paso del tiempo se hacía evidente en el pequeño colgante acolchado y no había rastro del cordón, pero ella me dio un trozo de hilo dorado comprado con toda probabilidad en la tienda de los chinos que hay cerca de su piso. Porque otro de sus rasgos era la practicidad. Con cualquier tontería era capaz de solucionar el problema más retorcido. Un don del que me queda mucho por aprender.

Se han quedado muchas más historias en el tintero. Como sus vicisitudes llevando el circo ambulante de su familia en plena postguerra, sus aventuras con el cine de verano o cómo era la vida de una verdadera superviviente en un pueblo remoto de Cáceres. Otras tantas sí me fueron contadas, pero mi inútil memoria se ha encargado de perderlas o difuminarlas, como la de aquel tesoro enterrado por un marqués y que luego desapareció por culpa de su codicia. Cuanto daría por poder volver atrás y poner una grabadora todas aquellas mañanas. Ahroa su casa ha quedado llena de mil objetos, que irán ligados a otras miles de historias y que yo, por desgracia, no sabré descifrar. Solo pensar en ello, me consume…
A ella le debo mis primeros libros. Los que siendo un niño me llevaron a conocer a Julio Verne, Robert Louis Stevenson o Conan Doyle. Al menos, me queda el pequeño consuelo de que, hace unos días, llegó a ver mi primer texto publicado en un libro. No es mucho, sólo un mísero tweet. Pero si he ido acumulando durante todo este tiempo las ganas de seguir adelante en el mundo de la escritura, ahora esa ilusión se ha convertido en un compromiso y una promesa a cumplir. Espero que me ayuden desde allí arriba aquellos a quien irá dedicado mi primer libro.

En el corazón del sueño
– Hola. He estado buscando en mi baúl de excusas cuál de ellas sería la mejor para empezar una función que se ha retrasado muchísimo tiempo. He estado pensando días y días, si elegir la de los estudios, la del trabajo, que un diplodocus había arrasado mi desván o si decir que se me quemaba el sofrito cada día a cada hora. Pero al final me he rendido a la evidencia. Porque no creo que sea nuevo para muchos de vosotros si os digo que la realidad y los sueños no suelen llevarse bien. La típica contradicción filosófica del «ocio» y el «negocio». El primero los deberes y luego los placeres… Suele pasar como el aceite y el agua o como las golosinas y las caries; siempre hay alguno de los dos que acaban ganando la batalla. Y en la mayoría de los casos suele ser el más feo de los contrincantes. Pero aun así, hay que seguir batallando. Porque a veces los sueños, aunque cueste alcanzarlos, pueden llegar a cumplirse…
Cuando hace unos meses Carmen anuncio que tenía ya en la recámara su nuevo libro y comentó sutilmente los detalles, mi interés por tenerlo en mis manos creció exponencialmente al secretismo de su temática. Estaba deseando que llegara esa fecha para descubrir cómo iba a ser ese cambio de público objetivo y de temática, y empecé a barajar varias posibilidades en cuanto a su argumento. Más tarde aparecieron los tres primeros capítulos. Y ya con ese aliciente, no dudé ni un segundo en participar en el concurso que Carmen anunció, con tal suerte que me llevé el ejemplar.

El libro es de los que te conquistan ya con la portada. Si algún día escribiera una novela, me gustaría que tuviera una edición tan bonita como esta, con sus reflejos satinados en el negro mate… :) Pero, ¿de qué trata En el corazón del sueño? No voy a ser yo quien lo desvele, lo siento… Pero aquí tenéis la pincelada que aparece en la contraportada:
«Cuando está despierta, Celeste no sabe cuál es su sitio. Cuando está dormida, Celeste crea y destruye reinos, mares y mundos con un solo pensamiento. Y sueña con Él. Ahora, una pesadilla barre los sueños de toda la ciudad. Para eliminarla, Celeste y sus amigos tendrán que llegar hasta su corazón. Y al hacerlo, Celeste se dará cuenta de que el muro que separa la realidad y los sueños no es tan sólido como ella pensaba. De que, como en un sueño, se le puede deshacer entre los dedos…»
Como veréis, la idea atrae ya a primera vista. En mi caso concreto, porque la temática onírica es una de mis preferidas. Pero lo cierto es que si empezáis a leer los capítulos publicados online y llegáis al final del primero (para mí un inicio rotundo y magistral)…
[spoiler title=»(si habéis leído el primer capítulo os dejo seguir…)»]
…os asaltarán imágenes tan apasionantes como la perteneciente al final de la película El Club de la Lucha… La destrucción de un mundo al otro lado de un cristal…

Fue una imagen que inmediatamente se dibujó en mi mente y que me pareció un retrato perfecto de la historia en ese punto. Y siguiendo con el ejercicio, en ese momento, si estuviéramos hablando de una futura adaptación cinematográfica, (porque ¿quién dice que no pueda serlo?) aparecerían las imágenes de edificios cayendo y cristales estallando en mil astillas con unos títulos de crédito que tendrían esta banda sonora.
[/spoiler]
Después de tomarme estas dos licencias para contaros mis primeras sensaciones con el libro en las manos no sería necesario añadir demasiados detalles para acabar de llevaros a su telaraña. Pero sí creo que debo destacar ciertos aspectos de la novela que merecen tener su reconocimiento. Primero el trabajo minucioso que Carmen ha realizado con las descripciones tanto físicas (porque me encantan los detalles de las cosas que suelen ser insignificantes en la mayoría de historias pero que Carmen devuelve al sitio que les corresponden) como emocionales (porque es una novela en la que se siente a los personajes casi antes de percibirlos con los sentidos). Además se puede comprobar el ENORME trabajo de documentación que hay detrás de toda la teoría de los sueños (aunque quizás, y si se me permite, la única crítica que haría en este apartado es que se trata de justificar absolutamente todo, cuando al tratarse de una obra fantástica quizás hubiera que dejar algo de paso a lo desconocido, a lo sorprendente, a lo que se escapa de la Ciencia). Pero si de sorpresas hablamos, esta novela os reserva unas cuantas, con unos giros totalmente inesperados que os van a quitar el sueño (lo siento) y os va a hacer perder la noción de lo que es realidad y lo que es ensoñación. Todo ello aderezado con algunos de los tintes «detectivescos» a los que nos tiene acostumbrados «la Pacheco» en sus otras obras (porque poco a poco se ha hecho un hueco con su nombre en los estantes de nuestras librerías) y mucha tensión y acción, en algunos momentos, hasta hacer perder el aliento al mismísimo lector. La novela está escrita de forma muy inteligente y lleva al lector por los derroteros que quiere con un ritmo trepidante y una inmersión total en lo onírico. En definitiva, os espera un libro muy original que cambiará y ampliará vuestra perspectiva del mundo de los sueños…
La vida es sueño, y los sueños, sueños son… Pero a veces los sueños se hacen realidad, ¿no?

El blog de Carmen Pacheco
Curiosidades sobre el libro
Página del libro en la editorial
El blog de Celeste, (que puedo aseguraros que estaba bien escondido)
La banda sonora de En el corazón del sueño
"from a great height…"
– Y entonces se desempolva todo y se salta al escenario a hacer este tipo de cosas…
Y luego se saluda a un tal ivan por los servicios prestados… Y por ayudar a que este escenario vuelva otra vez a estar en pie… Aunque necesite urgentemente unos retoques…
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