It Used To Be Me
-Seguro que os ha pasado a vosotros también: tener la misma sensación que cuando el castillo de arena que habías estado construyendo toda la mañana en la playa es arrasado por una maldita ola. Esa sensación. Esa es la que tengo ahora.
La vida a veces es una mierda. Otras no, pero a veces, sólo a veces, sí lo es. Y por mucho que pongas de tu parte, hay cosas que acaban pasando de todas formas. Cosas terrenales y cosas por las que ningún humano puede hacer nada. Una realidad que mata. Pero, eh, así es la vida, amigo. Llena de muchísimas cosas buenas, cosas malas… Y cosas feas por las que hay que pasar lo más elegantemente posible…
¿Y qué queda de todo aquello? ¿Unos granos de arena perdidos en una inmensa playa? Queda mucho. Un incendio por extinguir. Un humo negro por disipar. Mil árboles por replantar. Un nuevo yo por reinventar… Lo perdido ya no puede reencontrarse. Los porqués están dados. Repetidos hasta la saciedad. Y el tiempo nunca vuelve atrás… No puede remendarse…
Fui al infierno y volví, como decía el anterior decorado. Volví con la piel chamuscada, pero con la conciencia tranquila al ver que era lo correcto. Mi madre decía una frase que muchas veces recuerdo: «el que hace lo que puede, no está obligado a más». Me lo repetía cuando me veía sufrir las horas anteriores a los exámenes, para que no me preocupara tanto por los resultados. Ahora ya no tengo que superarlos. Tampoco la tengo a ella. La situación ha cambiado, pero el efecto curativo de esa frase es el mismo.
Es tiempo de vendarse las heridas y mirar lo que queda de vida. De no llenarla de amargura. De confiar en mí de nuevo. De ser fuerte. De no rendirme. De no encerrarme. De cobijarme en lo que me gusta. De sentirme a salvo en lugares como éste. De remontar como lo hacen otros. ¿A que es fácil? Permitidme que no lo vea tan claro. Sólo el tiempo dirá si lo consigo…
Tengo fe… Y tengo esperanza… Pamplinas para algunos… Pero no me duele llevarlas en los bolsillos. Llegaran noches de tormenta en que escucharé el barco resquebrajarse en medio de un océano de pesadillas. Y nunca sabes cuando vas a necesitarlas…
Por cierto, hola… ¿Os acordáis de uno que se pasaba por aquí hace unos años? Ese solía ser yo…
Alive and kicking
De vuelta con motores nuevos… A falta de un buen lavado, aquí reempezamos… Willkommen!! :)
Demo
[Hace frío en el interior del teatrillo… Un frío parecido al que se siente cuando se encuentra uno en una sala grande y abandonada, en un gran cascarón en medio de un océano agitado o en una oscura celda en lo más recóndito de un castillo, con su liquen y su musgo entre las hendiduras de los muros… Ese frío contrasta con el alboroto organizado sobre el escenario, repleto de cajas de cartón y trastos que ocupan todos los rincones… Algunos más polvorientos que otros, algunos rotos, otros tremendamente nuevos, pero todos asomando entre lonas, cartón y embalajes…
El protagonista está ensimismado agachado ante una de las cajas… Está dando la espalda al público y parece no darse cuenta de que la función ha dado comiendo mientras sigue trasteando con la vorágine de cachivaches que salen de ella… Ni siquiera la insistente tos de una de las asistentes parece despertarle de sus quehaceres… Es entonces cuando, al moverse, en la primera fila comprueban que lleva unos cascos puestos, con lo cual sus esfuerzos para llamar la atención al protagonista son en vano…
Entonces se levanta quejándose del dolor de riñones y estirando la espalda como quien intenta enderezar un arco destartalado. Luego, instintivamente mira de reojo el patio de butacas y al advertir que no está solo, se arranca los auriculares de los oídos y se da la vuelta inmediatamente, dirigiéndose al respetable…]
– ¡Me habéis pillado! En situaciones como estas se suele decir que está todo hecho un desastre y que normalmente no está todo así de destartalado. Pero en este caso no os voy a mentir, realmente éste es el estado en el que se encuentra siempre, así que intentad no asustaros y haced la vista gorda…
Espero que las Fiestas os hayan acabado de tratar bien (al menos mejor que a mí) y que el Año Nuevo se intente comportar como los niños buenos; callados y con los ojos bien abiertos… Los propósitos a estas alturas quizás hayan caído en el cajón más recóndito de vuestras mesas, pero si sois de esas heroicas personas que aún los están manteniendo, os respeto y venero… Yo sigo en ello, y ahora sabréis por donde van los tiros…
Estoy en proceso de cambio… Y esto no es más que una representación de cómo tengo ahora mismo la cabeza… Hecha un desastre… Hay decisiones por tomar, problemas a lado y lado, apuestas, retos, cosas por desempolvar… De todo un poco y mucho lío en general…
Pero retrocedamos al inicio de esta epifanía… Todo esto empezó con una revelación que tuve mientras escuchaba uno de esos típicos discos re-editados que llevan como extra las demos de las canciones… Siempre me han gustado ese tipo de discos, en los cuales te encuentras una de esas obras que te ha acompañado durante parte de tu vida, pero con el sonido mejorado (a veces no se toman esas molestias) y otro CD con una instantánea de su momento de creación… Una etapa intermedia de una joya antes de pulir, sin los detalles que el cincel fue grabando golpe a golpe… Una copia cruda, sin perfilar, sin destellos… Una base ruda, unos cimientos sin florituras, una primera capa de pintura…
Ahí fue cuando me di cuenta de lo que siempre he pretendido con mis cosas… Tener algo muy cercano a lo que yo considero la perfección sin siquiera haber llegado a tener todo completo en una fase inicial… Entretenerme con cada uno de los detalles sin haber conseguido llegar a la meta… Algo que casi siempre ha acabado por dejar lo que tenía entre manos inacabado para siempre…
No vivimos en un mundo perfecto… Siempre hay quien mete la pata, quien tiene la nariz demasiado grande o el óxido que acaba afeando el metal más brillante… Entonces, si el entorno es así de hostil, ¿cómo puedo pretender llegar a la perfección, algo aparentemente imposible de alcanzar, y encima ya en la primera fase? ¿¿Por qué no voy a poder permitirme ser imperfecto??
Siempre he tenido una visión megalítica de las cosas… Siempre he jugado con el «todo o nada»… Y hasta ahora me ha costado entender que todo empieza poco a poco, con buena letra como se suele decir… Primero una y luego otra y así acabar la primera página y luego la segunda… Y ladrillo a ladrillo construir el muro, para luego poner la puerta y más tarde la ventana… Y pincelada a pincelada conseguir el bosque retratado…
Ha sido de esta manera como me he planteado seriamente instaurar esta filosofía en mi vida, o al menos intentarlo… Ir haciendo capas en mis proyectos, esos mismos que están siempre ahí y que no acaban moviéndose nunca… Olvidarme de una vez del fervor profesado por los detalles desde el primer momento… Buscar la perfección, si es posible eso, al final del camino y no en la primera curva…
En estos tiempos que corren nadie cree en uno mismo… Ni las empresas, ni los amigos, ni siquiera la propia familia a veces… Uno tiene que tiene que ser el primero en creer en uno mismo… En poner toda la fe que haya atesorado a lo largo de su vida y decidir cuando es el momento de invertirla y dar un giro a lo que tiene delante… Y ser capaz de darse una palmada en la espalda a uno mismo, como el mejor contorsionista, y decirse «vamos allá»… Sin miedo…
Yo he realizado una de esas apuestas… Si la jugada saldrá bien o mal, sólo el tiempo lo dirá… Pero los primeros pasos ya están dados… El jueves empezaré una nueva etapa que me permitirá seguir con los siguientes… Poco a poco os iré contando acerca de todos ellos…
Pronto más funciones… Imperfectas, pero más…
Hey You
[El protagonista camina cabizbajo por el escenario respirando lentamente, intentando percibir con la mirada cada uno de los detalles y nudos que los desgastados tablones han mostrado durante todo este tiempo… Entonces toma aire y se dirige al respetable…]
Tal noche como hoy de hace 10 años se abrió un telón parecido a este… Quizás más rudimentario, pero con muchísima ilusión puesta en él… También con mucha incertidumbre… Era mi particular auto-regalo de Reyes y quería que fuera el mejor… Como siempre en mí, en busca de lo «imposible»…
Desde aquella noche a la de hoy han pasado muchas cosas: algunas siguieron apareciendo sobre estas tablas, otras han quedado ocultas y sepultadas por el tiempo, esa losa que a veces cura mejor que cualquier ungüento que podáis imaginar… Muchas personas que pasaban por este patio de butacas ya no han vuelto a aparecer… Otras llegarán aquí y ni siquiera sabrán a qué viene todo esto… A ellas, les querría decir que yo a veces tampoco lo sé… Simplemente, esta noche tenía ganas de gritar un rato… De decir, eh tú, qué mierda de vida…
Afortunadamente acaban estas dichosas fechas… Todo debería ser concordia y celebración familiar… Y, sin embargo, para mí han sido de total indiferencia… No he estado solo, pero tampoco creo que hubiera importado a mucha gente… Ya se han dado casos en el pasado, y a mí, sinceramente, tampoco me preocupa ese tema… Cuando uno se da 80 cabezazos contra una pared, el 81 deja de dolerte más que el anterior… Así es como transcurre mi vida desde hace un tiempo… De cabezazo en cabezazo… Con un muro que cada vez se hace más alto y más duro… Que parece que ya no puede superarse… Cuando crees que lo has visto todo, la vida siempre te sorprende con algo que no esperabas… A veces me gustaría que alguien pusiera algo de cordura a todo esto… Pero quien podía ya no está aquí para hacerlo, y los que están, parecen haberla olvidado por completo… ¿Qué pensaría de todo esto?
Lo peor de estos días ha sido ver que el papel que deberían haber cumplido unos ha tenido que ser suplido por otros a quienes no pertocaba… Que las prioridades han sido otras y los damnificados, los de siempre… Que ya ni los cimientos que yo creía firmes lo son, que no se respeta nada… Ni siquiera el día de Reyes… Y yo envolviendo regalos como un perfecto capullo… Esperando otra vez lo «imposible»… Pero son tiempos de otras preferencias… Hay cosas más importantes que hacer… Y así es como todo se va desmoronando… Como un terrón de azucar en un vaso de agua…
Ya lo he dicho antes… Sólo venía a gritar un rato y decir eh tú… Y gracias a los que aún seguís por ahí…
…together we stand, divided we fall…

Death is not the end…
-En esta ciudad, cada día mueren 4 ó 5 personas al día…
Aquel hombre, con la sensibilidad a la altura de la suela de sus elegantes zapatos pasaba de una a otra cuestión del formulario como quien ve el Tour de Francia a la hora de la siesta. Recorrimos metódicamente todos los apartados que el ordenador le iba pidiendo: desde la música hasta los recordatorios, con una frialdad y un asepticismo que helaría a un esquimal. No era precisamente el mismo con el que esta mañana contaba los billetes. Luego llegaría la caja y la urna. El negocio de la muerte merecería un estudio profundo por parte de nuestra sociedad. En la antigüedad se quemaba a los difuntos en una pira, ahora hacemos lo mismo mucho más «civilizadamente». Te llevan a un cuarto y a través de una ventanita ves el féretro entrando en las llamas, sin humos, sin olores, eso sí, a 600€ el muerto.
Mi abuela se fue el domingo a las 15:30 después de pasar por un pequeño calvario que ha durado casi un mes. Afortunadamente no pasó a más. El corazón se detuvo antes. Porque una persona que ha sufrido lo que la vida le ha deparado (sobre todo en los últimos años) no merecía un final como el que se apuntaba. Os ahorraré los detalles.
La última mañana de domingo que fui a su casa, cuando ya su salud estaba delicada, me sorprendió con una de aquellas historias que destilaba de vez en cuando y que tanto me gustaban. Historias de mi familia, de la que, por parte de mi madre, ya no queda rastro… Me contó que un día mi abuelo, cuando tenía unos 12 años, se subió a un castaño para coger un nido con tal mala fortuna que una de las ramas se quebró y él cayó clavándose la rama traidora en la nalga. Enseguida, gracias a los contactos de mi bisabuelo supongo, le llevaron a un hospital militar en Badajoz, donde le tuvieron unos días bajo el cuidado de las monjas. Ellas, para diferenciar a los enfermos, les ponían un colgante de tela alrededor del cuello con un cordón dorado. Y entonces, como solía hacer, fue a buscar ese colgante y me lo dio. Porque además de unos ojos bonitos y de un gran corazón, también era una verdadera caja de sorpresas y una meticulosa conservadora de objetos y recuerdos de la historia de mi familia. En ese sentido, creo que he seguido sus pasos. El paso del tiempo se hacía evidente en el pequeño colgante acolchado y no había rastro del cordón, pero ella me dio un trozo de hilo dorado comprado con toda probabilidad en la tienda de los chinos que hay cerca de su piso. Porque otro de sus rasgos era la practicidad. Con cualquier tontería era capaz de solucionar el problema más retorcido. Un don del que me queda mucho por aprender.

Se han quedado muchas más historias en el tintero. Como sus vicisitudes llevando el circo ambulante de su familia en plena postguerra, sus aventuras con el cine de verano o cómo era la vida de una verdadera superviviente en un pueblo remoto de Cáceres. Otras tantas sí me fueron contadas, pero mi inútil memoria se ha encargado de perderlas o difuminarlas, como la de aquel tesoro enterrado por un marqués y que luego desapareció por culpa de su codicia. Cuanto daría por poder volver atrás y poner una grabadora todas aquellas mañanas. Ahroa su casa ha quedado llena de mil objetos, que irán ligados a otras miles de historias y que yo, por desgracia, no sabré descifrar. Solo pensar en ello, me consume…
A ella le debo mis primeros libros. Los que siendo un niño me llevaron a conocer a Julio Verne, Robert Louis Stevenson o Conan Doyle. Al menos, me queda el pequeño consuelo de que, hace unos días, llegó a ver mi primer texto publicado en un libro. No es mucho, sólo un mísero tweet. Pero si he ido acumulando durante todo este tiempo las ganas de seguir adelante en el mundo de la escritura, ahora esa ilusión se ha convertido en un compromiso y una promesa a cumplir. Espero que me ayuden desde allí arriba aquellos a quien irá dedicado mi primer libro.

"from a great height…"
– Y entonces se desempolva todo y se salta al escenario a hacer este tipo de cosas…
Y luego se saluda a un tal ivan por los servicios prestados… Y por ayudar a que este escenario vuelva otra vez a estar en pie… Aunque necesite urgentemente unos retoques…
Filed under new truths | Comments (2)Bye, Michael

– Nunca fue de este mundo… Incluso por un tiempo estuvo mal visto decir algo en su favor… Pero por desgracia se ha ido, y NO va a haber nadie que pueda igualar lo que llegó a hacer… Ahora ya puede descansar en paz…
P.D.: Es una pena que mi cadena ya no funcione, porque he estado te tado de poner de nuevo aquel cassete de Bad que se cayó en el cubo de lejia y ver si todavía suena después de tanto tiempo… :)

The Greatest
– Esta madrugada se ha ido «el grandullón»… M. «el del cine»… El que nos animaba las Navidades con su trompeta y sus películas proyectadas contra la pared blanca… El que siempre tenía palabras sabias para nosotros… Con aquella voz de señor grande… Le echaré mucho de menos…

